lunes, 8 de mayo de 2017

" Los duendes del día "

El cielo estaba rosa de verano y un halo de luz se reflejaba en el vago horizonte del crepúsculo, el fresco de la noche comenzaba a sentirse en su perdido andar de la ciudad consumida.
El mar estaba pronto para su acogida e inmortales bloques de hormigón se elevaban serpenteando la costa y él vagaba en su bicicleta. Ella era única en su género, era un vehículo de cristal pasado de moda, y sus mil rayos metálicos color púrpura vestían sus ruedas aladas, un gran asiento panorámico le daba la visión entera de la belleza que le rodeaba próximo a su paso.
Él, era un tipo claro, duende de la noche y la luna, su frescura lo elevaba por el espacio infinito, vestía un blanco de luna plata y sus ojos se le parecían al azúl cielo noche. Sobre un margen del mar vibraba entre las olas una dulce voz, ella hizo eco en su vehículo de cristal y la voz se iba convirtiendo en melodía alegre, sedienta de su llegada. Detiene su bicicleta en el espacio vacío y ve correr a su refugio marino a una mujer graciosa y desnuda de objetos materiales y él en su alucinación se precipita en la huída de la bella criatura, que en su desesperación por escucharla hace de su furia perder las alas de su vehículo. Se sienta en la arena de calor natural, donde momentos ante posaba el hermoso ser marino y oculta bajo su cuerpo el espacio húmedo abandonado por aquella mujer extraña, que en su llegada, huyó........
Permanece en el silencio absoluto esperando su encuentro, desliza su cuerpo por la arena y cubre su cuerpo con un manto de estrellas noctámbulas, cierra sus ojos para encontrar dentro de su sueño el bello ser marino, y deja sus sentidos libres al viento murmurante de las olas, como percibiendo el mensaje de ella.
Pasan las noches y las primeras aves de la mañana bailotean a su alrededor y un gran pez multicolor emerge del mar y de él, una suave voz que en noches pasajeras hizo eco en la bicicleta de cristal.
El joven ciclista abre sus ojos somnolientos como buscando a la mujer desnuda que una noche se fugó, se levanta y enjuaga su cara con el suave rocío de la última noche, y con su mirada clara busca en el vacío mar a al perdida voz.
Toma su bicicleta y comienza a caminar con la nueva brisa matinal, se zambulle en el mar una y otra vez, y sale con su voz tranquila esperando el rencuentro.
Ella apareció frente a él como el sol lo hacía por el horizonte, su cuerpo, la belleza infinita de su ser y un gran collar de ostras vivas, cubría sus senos, y largas trenzas de coral hacían velo a su mirada sensual, una boca perlada daba de ella daba de ella una amorosa canción.
Sus manos con piedritas multicolores se tomaron con las del ciclista nocturno y una fragancia de algas marinas los envolvía como en un solo cuerpo y él desorbitado ante tal belleza natural, se desprende de su túnica blanca plata luna.
Ella le enseñó sus perlas en una tímida sonrisa, mientras se metían en el mar cristalino. Poco soporto del mar y salió de el, se tendió en la arena y esperó, su espera no duró y del mar salió una bella mujer que en la arena se quedó, tomaron la bicicleta y partieron, y juntos se les veía, él con su blanco luna plata y ella con un amarillo oro.

De los años 80.

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